lunes, 12 de enero de 2015

Un boli y un cuaderno.

Mi afición e interés por escribir existe desde hace mucho tiempo. Pero cuando realmente me lo tomé más en serio, provocado por una necesidad, fue el 17 de Abril de 2011. Ese día comenzó esta andadura en mi búsqueda interior. Era domingo de ramos y escribí una carta como desahogo y huída, para así callar mi indignación e impotencia de no poder solucionar una situación muy dolorosa que me estaba pasando en ese momento. Mi intuición me esta diciendo algo que no quería ni oír ni saber, por lo que utilizó un boli y un cuaderno para gritármelo. Fue una carta de reafirmación en lo que sentía y en donde no pedía perdón, sino reconocimiento y atención. En ella expresé mis sospechas de lo que, algunos meses después, se confirmó. Mi intuición sabía que esa persona, a la que iba dirigida la carta que nunca le mandé, estaba abusando de mi confianza exponiéndome con "sorna" y rediculizando a esa niña que hay en mí, burlándose de ella y utilizando unos códigos, para comunicarse conmigo, que desconocía perdiéndome en ellos. Le decía que salí corriendo porque tenía miedo de su poder y de la inseguridad que sentía a su lado; que salí corriendo porque no quería oír lo que sabía me iba a decir. Le decía que no sé mentir y tenía que calmar mi enfado. Por eso me fui y por eso empecé a escribir. Y oculto tras ese enfado, mi boli y mi cuaderno encontraron un dolor enterrado, sepultado y olvidado durante más de 50 años. Un suceso doloroso presente destapó y sacó un suceso doloroso pasado, igual que un clavo saca a otro clavo o una mancha de mora con otra mora se quita. Siempre supe que algo en mí no encajaba ni tenía sentido. Por eso, me he venido a vivir en mi pasado, porque todo lo que he vivido hasta ahora, sí que ha sido inventado sobre una mentira, incluyendo mi relación con la persona a la que escribí esa carta. Desde que empecé a escribir ese 17 de Abril, empecé a tener memoria. Antes, escribía sin orden, sin objetivos y casi todo está perdido, olvidado. Ahora, o desde ese día, ordeno numéricamente mis cuadernos, ya son siete, y pongo las fechas en cada escrito. Esto me ayuda a recordar y a ir construyendo mi memoria. Muchas veces pienso que no sé qué es peor, si recordar el abuso o haberlo olvidado. Todo lo que hago, pienso o digo está condicionado por mi constante deseo de recuperar mi memoria y recordar. Ando y ando hacia atrás pasando una y otra vez por lo vivido por si algo se me ha escapado o encuentro otra señal. Mientras tanto, mi vida sigue, pero ya nada es igual.

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